Inhalación de gases tóxicos como fungicidas, herbicidas, plaguicidas, insecticidas, el humo en caso de incendio; vapores químicos, monóxido de carbono, (que es producido por los motores de vehículos); el bióxido de carbono de pozos y alcantarillado y el cloro depositado en muchas piscinas así como los vapores producidos por algunos productos domésticos (pegamentos, pinturas y limpiadores).
Por absorción o contacto con sustancias como plaguicidas, insecticidas, fungicidas, herbicidas; o los producidos por plantas como la hiedra, el roble y la diesembaquia.
Por ingestión de alimentos en descomposición, substancias cáusticas y medicamentos.
Un tóxico puede penetrar a la circulación sanguínea por:
Inoculación:
Por picaduras de animales que producen reacción alérgica como la abeja, la avispa y las mordeduras de serpientes venenosas.
Inyección de medicamentos:
Sobredosis, medicamentos vencidos o por reacción alérgica a un tipo específico de medicamentos.
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